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¿Buscas Estufas de Leña? Calidad y fiabilidad

Las estufas de leña son las estufas de toda la vida, las que han calentado a nuestros abuelos, padres y ¿por qué no a nosotros?. Estas estufas se caracterizan por su gran poder calorífico, además, el combustible es de lo más natural y ecológico.

LEÑA

Ventajas de la Leña:

  • Perfectas para cualquier estancia del hogar
  • Combustible asequible y fácil de conseguir
  • Tiene un mantenimiento muy sencillo y rápido

Si estás pensando poner estufas de leña en tu casa pero no encuentras información sobre requisitos de instalación, cuáles son las más adecuadas dependiendo del tipo de vivienda o habitación, precios orientativos, tamaños, materiales, ventajas, mantenimiento, etcétera, has llegado al lugar adecuado.

Somos especialistas en la venta de estufas de leña, por lo que te vamos a contar todo lo necesario para ayudarte a elegir la opción que más te convenga. Además de asesoramiento, te ofrecemos estufas de leña a precios realmente buenos y de excelente calidad.

¿Por qué elegir una estufa de leña?

Hay muchos y muy buenos motivos para comprar una estufa de leña. No son pocas las casas en las que, cuando llega el frío, la calefacción centralizada se queda corta, sobre todo en viviendas unifamiliares.

Es una solución ideal para obtener calor de forma sencilla, económica y decorativa. Está indicada para espacios de más de 25 m² y la edificación ha de tener preinstalación de conductos para la salida de humos. Si no se dispone de ella en tu edificio, tendrás que ir a tu ayuntamiento para informarte de los requisitos necesarios para su instalación, pues la normativa no es la misma en todas las localidades.

Para su correcta elección, deberás tener en cuenta, principalmente, la ventilación y los m² del espacio donde necesites instalarla.

El problema de falta de calor puede presentarse solo en una habitación de la casa que esté orientada hacia el norte o en espacios a los que no les has dado uso y que, hasta ahora, no tenías pensado hacer habitables.

Hay muchos ejemplos, pero te vamos a poner solo algunos de los más demandados por nuestros clientes: sótanos, buhardillas, pequeñas casas auxiliares de jardín y reconversión de garajes.

Si quieres acondicionar estos espacios para tus hijos, para tener, por fin, ese estudio de pintura que llevabas años anhelando, un despacho donde trabajar sin distracciones o una «bodeguilla» para desmelenarte con tus amigos, te gustará saber que una de sus principales ventajas es que no necesitarás hacer obras.

Lo único que necesitarás será una superficie mínima de 25 m² con ventilación y una conexión para la salida de humos que cumpla con la normativa de tu localidad (si bien, en general, si vives en un edificio de pisos la salida de humos debería ir por el techo, no por la fachada o terraza, y sin inclinaciones excesivas).

También puedes querer reforzar la calidez de una zona concreta en tu sala de estar o salón si es muy grande. Un rincón especial en el que puedas acurrucarte a leer o pasar un buen rato con tu gente sin preocuparte del frío, ya sea en pleno invierno o justo en esos cambios de temperatura locos que sufrimos en primavera y otoño.

Nos referimos a esos periodos en los que poner la calefacción para toda la casa supone un gasto excesivo y solo necesitas calentar una estancia.

Otra utilidad increíblemente práctica de estas fuentes de calor es instalarlas en la segunda vivienda de la playa, en la sierra o el campo, donde no llega la canalización. Gracias a la facilidad de instalación y economía respecto a otros sistemas, no volverás a pasar frío cuidando tu bolsillo.

Te podemos ofrecer las mejores estufas de leña para satisfacer con creces tus expectativas en cualquiera de estos casos.

No solo resolverás todos los problemas prácticos que conllevan el frío y el exceso de humedad ambiental con un coste muy reducido, sino que, además, incorporarás un elemento decorativo de gran belleza que posee el encanto de permitirte contemplar directamente el fuego, una atracción ancestral reconfortante y hogareña de la que pocos escapamos.

¿Qué espacio quieres calentar?

Este tipo de estufas están indicadas para caldear superficies de 25 m² en adelante. ¿Por qué? Muy sencillo: si las colocas en una habitación muy pequeña, se calentará enseguida y, al tener un volumen y flujo de renovación de aire reducido, una vez caldeada la habitación el humo retornará al interior del habitáculo en lugar de ser expulsado al exterior por los tubos de salida del aire.

Tu vivienda deberá contar con la preinstalación de conductos para la salida de humos o realizarla por tu cuenta, ya que esto va a determinar el lugar donde puede ser colocada. También has de medir la habitación para comprobar que cuenta con los m² precisos y asegurarte de que tiene la ventilación adecuada.

Qué tamaño elegir al comprar una estufa de leña

Según sea el tamaño del hogar, que es la parte interna de la estufa donde se produce la combustión de los troncos o briquetas, podrás meter leños más o menos grandes.

Si bien no es el factor más importante en términos de eficiencia, sí influye en la autonomía y el calor que desprenden, sobre todo en las de hierro fundido, ya que este material tiene la capacidad de retener la temperatura alta mucho tiempo, por lo que, a mayor superficie, más calor residual obtendrás.

No infravalores una estufa de leña pequeña para espacios que no sean demasiado grandes, pues su hogar produce una combustión lenta de la madera, generando menos residuos en un solo uso, y su autonomía puede llegar a las 6 horas.

Si optas por estufas de leña grandes, podrás meter troncos más largos en el hogar y disfrutarás de unas 12 horas de autonomía o más, dependiendo de la calidad de la madera que uses y el oxígeno que aportes al regular el paso de aire.

En este caso, no existe una elección mejor o peor, ambas son eficaces. Simplemente, deberás decantarte por el tamaño de estufa que te proporcione el adecuado volumen de calentamiento, ajustándose al protagonismo que quieras darle como elemento decorativo de la habitación, el espacio a calentar y, sobre todo, a tus necesidades y hábitos.

¿Qué es la potencia calorífica?

Cuando visites la tienda y mires las fichas técnicas de las estufas, verás que uno de los datos que aportan los fabricantes en grande es el de la potencia calorífica.

Existen distintas potencias según los modelos y es necesario que conozcas los tipos, fórmulas y datos necesarios para que tu elección sea acertada.

La potencia térmica indica la cantidad de calor que puede ser emitido o, dicho de otro modo, la capacidad que tiene la estufa para calentar un determinado volumen de aire.

Pero has de tener en cuenta que, en las especificaciones de estos aparatos, puedes encontrarte con dos datos distintos: potencia térmica y potencia calorífica.

Potencia térmica máxima o calorífica bruta

Es el dato que te indica la máxima potencia que va a poder generar la estufa en un momento puntual de su funcionamiento, específicamente, el más álgido.

Es un dato interesante que llama la atención de los usuarios y, por esta razón, lo añaden los fabricantes. Pero nosotros te vamos a explicar lo que realmente te interesa, que es la potencia nominal. Conocerla es básico, ya que es la que relaciona la potencia máxima con el rendimiento y el porcentaje en el que la combustión de la leña se transforma en energía.

Potencia térmica nominal o potencia calorífica real

Como ya te hemos definido el término, vamos a pasar a la práctica con un ejemplo. Una estufa que tenga una potencia bruta de 10 kW y un rendimiento del 70 %, tendrá 7 kW de potencia real.

Así, y usando la equivalencia de 1 kW de potencia nominal = 10 m³ de calefacción para una casa con techos de 2,50 m de altura con un aislamiento normal, podemos saber que, para calentar una habitación de 70 m², necesitarás una estufa con 7 kW de potencia nominal (o real).

Este no es un cálculo exacto, sino aproximado para que te orientes rápidamente cuando mires los diversos modelos en los que estés interesado. ¿Por qué no es exacto?, porque faltan algunos factores:

1. El volumen de aire del que disponga la estancia.

2. Tipo y eficacia del aislamiento térmico de la vivienda, que incluye las ventanas, puertas, techos y paredes. A mayor aislamiento, menor potencia calorífica necesitarás para obtener la temperatura ideal.

De cara a calcular la potencia térmica necesaria para calentar una estancia le otorgaremos un valor de 1 a un aislamiento normal, paredes con cámara normales, ventanales correderos sin doble acristalamiento, etc.

En el ejemplo que te hemos dado antes, hemos hecho el cálculo para una vivienda con ventanas y aislamientos corrientes y, si recuerdas, la equivalencia del valor era de 1 kW = 10 m².

Para una casa energéticamente eficiente —es decir, que esté bien aislada—, ese valor será de 0,93 kW. Por el contrario, para una casa mal aislada tendrás que aplicar a la fórmula un valor de 1,10 kW, ya que, al perder más calor, necesitarás más potencia calorífica.

3. Localización geográfica de la vivienda.

No es lo mismo tener una casa en la Sierra de Gredos que en Sevilla, lógicamente. Cuanto más bajas sean las temperaturas en invierno, mayor habrá de ser la potencia térmica de la estufa.

Calcula un valor de entre 0,88 y 0,95 (es decir, con la equivalencia de 1 kw = 10 m²) para las zonas menos frías, como las del levante español, e incrementa un 20% la potencia a la equivalencia de 1 kw = 10 m² para las zonas más frías. Te dará aproximadamente 1 kW = 8 m².

4. Orientación de la vivienda.

Hacia dónde está orientada tu casa es también un factor importante a tener en cuenta de cara a calcular la potencia térmica que necesitarás para calentarla.

Si la tuya está orienta hacia el norte, necesitarás hasta un 12 % más de potencia del aparato, es decir, un valor de 1,12.

En cambio, si la vivienda está orientada hacia el sur, deberás aplicar un valor de 0,93 (correspondiente al 7 % de potencia calorífica).

Y, si la tienes orientada hacia el este o al oeste, el valor será 1, por lo que no influirá a la hora de operar en la fórmula de la potencia térmica y se mantendrá la equivalencia de 1 kW = 10 m².

5. Tipo de madera usada como combustible. A mayor dureza y calidad, mayor rendimiento (en otro apartado de este mismo artículo tratamos con detalle todo lo referente a la leña y las briquetas).

Fórmula para calcular la potencia calorífica

Te la proporcionamos para que tú mismo puedas calcular de la forma más precisa posible la cantidad de potencia calorífica que vas a necesitar.

Potencia necesaria = m² del espacio a calentar x valor aislamiento x valor ubicación x valor orientación x 85.

Por ejemplo, si necesitas caldear la sala de estar de 40 m² en una vivienda orientada hacia el norte (valor 1,12), situada en la franja costera alicantina (valor 0,95) y con un aislamiento normal (valor 1), la fórmula de la potencia calorífica necesaria sería la siguiente:

40 x 0,95 x 1,12 x 1 x 85 = 3,62 kW.

En este caso, con una estufa de 6 kW brutos y rendimiento del 76 % = 4,56 kW, tendrías de sobra para calentar tu casa sin tener que ponerla a máxima potencia.

Combustión lenta o de doble y triple combustión

Combustión lenta

No es conveniente que la combustión se produzca demasiado rápido. Para evitarlo, se provee a las estufas de dos entradas para el aire. Una es la primaria, con puertas para fogones de leña que, al cerrarse, hacen que entre aire por el cajón para recoger las cenizas. La otra, la secundaria, se encarga de ralentizar el proceso químico de la combustión.

Este sistema produce una combustión lenta de la madera, generando más calor (los gases de la primera quema llegan a una temperatura aproximada de 600 ºC) a la vez que reduce considerablemente el consumo de leña.

Este sistema es realmente efectivo, pero no lo son menos los de doble y triple combustión.

Doble combustión

Todas las estufas de última generación, ya sean de combustión lenta o doble combustión, cuentan con esta función. Y te preguntarás, ¿por qué las diferenciáis? Muy sencillo: porque sí existe una diferencia.

Las de doble combustión inyectan una segunda corriente de aire previamente calentado justo en el momento en el que los gases alcanzan los ya mencionados 600 ºC, provocando una nueva combustión que incrementa el calor en el interior de la estufa pudiendo alcanzar hasta los 1000 ºC, si bien lo normal es que se ponga a 800 ºC.

La principal ventaja es que aumenta el rendimiento, es decir: se genera más calor con la misma cantidad de leña. La otra es que, al quemarse un volumen mayor de gases, el humo que llega al exterior contiene menos partículas nocivas, lo que supone una reducción en las emisiones de CO₂, algo importante para la preservación del medioambiente.

El funcionamiento de la triple combustión es igual que el de la doble, pero pasando el aire por el proceso de recalentamiento una vez más.

Los tres sistemas son excelentes para calentar una vivienda.

Doble cámara

Las estufas provistas con este sistema producen el calor a través de la radiación y la convección.

El movimiento duplicado del aire tiene la capacidad de propagar el calor a distancias mayores rápidamente, pero no ralentiza la combustión, lo que se traduce en mayor gasto de leña y la producción de más partículas contaminantes. Estos dos factores harán que, probablemente, prefieras los sistemas de combustión lenta y doble combustión.

Partes de la estufa de leña

Las estufas tienen entradas de aire para la combustión. Su función es la doble: posibilitar la incineración de la madera y desechar el humo.

El aire de combustión tiene un regulador que se encarga de determinar el caudal de aire que va a entrar en la estufa. A mayor cantidad, más intensa y rápida será la quema de la leña.

Otro de sus componentes es un intersticio que sirve para suministrar y distribuir el aire en el interior del aparato.

En las estufas de leña con ventilador, un compresor y un ventilador difunden el aire caliente por la estancia.

El mecanismo residual está formado por la rejilla que filtra las cenizas, el cajón que las recoge y las bridas por las que se dirige el humo hacia el conducto de salida al exterior.

Clases de distribución de aire

Hay dos sistemas para distribuir el aire por el interior de la estufa: convección forzada y convección natural.

El flujo generado por la convección natural dependerá de la cantidad de leña que utilices, mientras que en la convección forzada se produce mediante un regulador con el que podrás controlar de forma manual los procesos de difusión y emisión del aire que proyectan los ventiladores.

Si te acercas a tu estufa un poco, notarás que la madera tiene llamas en la parte superior sin consumir el tronco por completo. Esto es porque los gases desprendidos por la combustión se mezclan con el oxígeno, generado una llama azulada. Gracias a las entradas de aire de la estufa, el proceso generado por la cámara de combustión es más noble y permite eliminar totalmente el gas producido por la madera quemada.

Estufas para el interior

Existen varios modelos de estufas de leña de interior. Cada uno posee características diferentes, si bien, en general, todas hacen gala de un alto rendimiento calorífico (70/80 %). Además, su combustión es más limpia que la de las chimeneas al producirse a puerta cerrada con salida de humos directa al exterior.

Su instalación no requiere obras, si bien necesitarás una conexión a la salida de humos. Si no dispones de esta, tendrás que hacerla, no es una tarea complicada.

Tanto las estufas de acero como las de hierro fundido pueden calentar, normalmente, entre 25 y 100 m², pero hay modelos que mantienen cálidos espacios de hasta 200 m², resultando estos perfectos para lofts, pisos grandes o chalets.

Según las características y la forma de la habitación que desees calentar, podrás decantarte por una estufa de leña esquinera, con forma triangular en la parte trasera para adaptarse a cualquier rincón, o bien rectangulares, cuadradas o cilíndricas que podrás poner en el centro de una pared o en medio de una estancia.

Materiales del hogar

Todas las características que te acabamos de contar son iguales en las estufas de ambos materiales.

También en cualquiera de los dos tipos podrás encontrar que el hogar está hecho solo con acero o hierro, o bien combinándolos con materiales refractarios.

Ladrillos refractarios de vermiculita

La vermiculita ofrece un aislamiento eficaz y tarda mucho en alcanzar la temperatura máxima. Los ladrillos hechos con este mineral procedente de la mica pesan poco.

Ladrillo refractario de chamota

La chamota es un material en forma de gránulos que se obtiene pulverizando ladrillos, cierto tipo de piedras y otros productos cerámicos cocidos. Es resistente a los arañazos y golpes, pero presenta peor aislamiento que la vermiculita y pesa bastante más.

Estufas de fundición

Están fabricadas en hierro fundido, son muy robustas, duraderas y resistentes. Pesan más que las de acero y tardan un poco más en calentar la habitación, pero son muy superiores en la emisión de calor residual proveniente del propio aparato, por lo que mantienen la estancia cálida durante mucho más tiempo.

El hierro se trabaja muy bien, y esto posibilita la creación de gran variedad de diseños. Las puertas para realizar la carga pueden estar en la parte frontal o en un lateral.

Hay que dejar un mínimo de 30/40 cm entre la estufa y la pared, si no se elige un modelo de instalación central. Aún más importante es mantener alejadas las alfombras o cortinas, así como cualquier material que pueda inflamarse y provocar incendios accidentales.

Estufas de acero

Son más económicas y ligeras que las de hierro fundido y calientan la estancia más rápidamente, si bien retienen menos el calor.

Las de doble combustión optimizan el rendimiento y reducen las emisiones, ya que las partículas y gases generados tras la primera quema de leña son sometidos a otra combustión complementaria.

La estructura puede ser solo de acero o de acero con material refractario capaz de soportar altas temperaturas.

Al igual que ocurre con las de fundición, podrás encontrar gran variedad de diseños.

Estufas para el exterior

Están especialmente pensadas para disfrutarlas en tu terraza, jardín o porche. Su cuerpo puede ser de cerámica, acero o hierro.

Las encontrarás con forma de brasero o de hogar abierto. Pueden contar con una chimenea pequeña para evacuar el humo en altura sin molestarte ni a ti ni a tus vecinos, si los tienes.

También pueden llevar horno incorporado o una parrilla que te permitirá cocinar sobre ella.

Estufas de leña con horno

Una opción muy práctica que sirve tanto para exteriores como para interiores. Con estas estufas aumentarás el aprovechamiento del aparato al que se le ha incorporado un horno en la parte superior para poder cocinar los alimentos o calentar comidas. Podrás desde asar castañas al estilo tradicional hasta hacer pan casero con el sabor único de la leña.

Consejos para el primer uso

Usa siempre leña seca. Procura comprar la que tenga un grado de humedad igual o inferior a un 20 %, ya que a niveles superiores la madera tiene una combustión muy mala. De esa manera, generaría menos calor y demasiada producción de vapor, así como de alquitrán y otros residuos que ensuciarían más de la cuenta el aparato, el cristal y los conductos para la salida de humos. Si lo prefieres, puedes usar briquetas (troncos hechos prensando restos de leña).

Jamás enciendas el fuego con productos líquidos inflamables como alcohol o gasolina. Esto se debe cumplir a rajatabla, no solo en el primer encendido, sino en todos y cada uno de ellos, ya que es sumamente peligroso.

Utiliza las pastillas que se fabrican especialmente para facilitar esta labor o ayúdate con papel, astillas, leña menuda e incluso piñas de pino bien secas si están libres de resina.

No uses tu estufa como cubo de basura doméstico. La grasa de los productos orgánicos acabará obstruyendo los conductos con el consiguiente peligro de incendio y su humedad estropeará la madera, lo que conlleva lo que ya te hemos explicado en el párrafo anterior.

Por otra parte, algunos barnices y pinturas de muebles rotos pueden contener plomo y otros metales pesados tóxicos que te pueden llevar al hospital al ser inhalados y, en el peor de los casos, producir la muerte.

Los productos de todo tipo de plásticos, además de tóxicos, contaminan el aire dañando el medioambiente. Y tus pulmones.

Guía práctica de uso general

No te asustes si, en los primeros encendidos, ves que se produce más humo del que te esperabas. Es normal, ya que las estufas llevan una pintura especial anticalórica con componentes que, al quemarse, favorecen la adhesión de los pigmentos a la estufa. Por este motivo, te recomendamos ventilar profusamente la habitación hasta que desaparezca este efecto.

No hagas funcionar la estufa a puerta abierta, no está diseñada para trabajar así, sino con las puertas cerradas con intervalos de apertura intermitentes para la recarga de leña.

Ya te hemos explicado cómo encender el fuego fácilmente de forma segura la primera vez. Ahora te vamos a ampliar la información para todos los encendidos.

En cuanto haya prendido la leña liviana, al comienzo del proceso, deberás incorporar una primera carga de dos troncos que pesen unos 2 o 3 kg. Para hacer esto, el tiro de aire ha de estar abierto en su totalidad. Si lo consideras oportuno, puedes avivar el fuego en los primeros instantes abriendo el cajón que sirve para recoger las cenizas.

Cuando tengas un fuego intenso, constante y duradero, cierra por completo el cajón de ceniza (si lo tuviste que abrir) y regula a tu gusto la intensidad de la llama cerrando los tiros de salida del aire. Cuanto más abiertos estén, más fuerte será la llama y antes se consumirá la madera. Cuanto más los cierres, obtendrás una combustión más lenta y un fuego más regular. Encuentra el equilibrio según tus gustos y necesidades.

La potencia nominal del aparato la conseguirás colocando, más o menos, 4 kg de leña, unos 4 troncos de algo más de 1 kg. Coloca los leños en horizontal y levemente separados entre ellos para que no se ahogue el fuego por falta de oxígeno.

Es importante que no recargues la estufa hasta que no se hayan consumido los troncos que pusiste con anterioridad. Deberás esperar a que se haya consumido el grueso de la carga anterior y solo queden las brasas, que tienen que estar al rojo vivo.

Mantén siempre los tubos de salida de aire libres de bloqueo para que la combustión pueda producirse y para evitar que el humo pueda colarse en la estancia.

El cristal de la puerta de las estufas tiene una junta hecha con fibra de vidrio que, con el uso, se suele deshacer. Esto es perfectamente normal y, si bien tu estufa puede seguir funcionando sin ella, te recomendamos vivamente que la repongas al menos una vez al año.

El cajón que tiene la estufa en su inferior sirve para recoger y retirar fácilmente las cenizas. Vacíalo con frecuencia, no esperes a que esté lleno porque podría estropearse la parrilla.

Te recomendamos que deposites estas cenizas en cubos metálicos sin otros productos de desecho ni bolsas de basura de plástico que puedan derretirse o quemarse, pues permanecen bastante calientes aun habiendo pasado un día entero o incluso más. Además, pueden contener alguna brasa que, por diminuta que sea, en su interior aún estará al rojo vivo.

No abras bruscamente la puerta para disminuir la salida del humo. Tampoco debes abrirla nunca mientras el tiro se encuentre cerrado.

Solo debes abrir la puerta para hacer las recargas de combustible.

Es importantísimo que tengas siempre en cuenta que todos los elementos de la estufa, como son los componentes de latón o el cristal, así como la propia estufa, se pueden poner muy calientes al experimentar en su interior temperaturas muy elevadas, por lo que debes extremar la precaución para evitar quemaduras. Manipula estas piezas con un guante adecuado y mantén alejados a niños y mascotas.

Pon especial atención a no sobrecalentar la estufa. Si te percatas de que existe un sobrecalentamiento, corrige el problema rápidamente cerrando los tiros de aire, ya que, al entrar menos oxígeno, se reducirá la intensidad de las llamas.

Ante cualquier funcionamiento anómalo, cierra los tiros de aire y ponte en contacto con el fabricante del aparato.

Tipos de combustible

Las estufas de hierro fundido y acero utilizan como combustible la leña de poda y las briquetas.

Si tienes una vivienda unifamiliar, pareada o adosada y dispones de espacio suficiente, te aconsejamos que tengas almacenados los troncos con antelación y en cantidad suficiente en un espacio ventilado y seco.

No solo garantizarás la disposición de combustible para largas temporadas, sino que te ahorrarás algunos quebraderos de cabeza que conllevan a veces comprar la leña en temporada alta, como puede ser un retraso en la entrega por sobrecarga de pedidos, por malas condiciones de las carreteras que dificulten el reparto o incluso soportar una subida de precios derivada de la alta demanda.

Además, si bien esto no es aplicable a las briquetas, que puedes encontrar en muchos comercios, el precio de la leña es más económico si la compras en grandes cantidades.

Eso sí, a no ser que estés dispuesto a darle al hacha, busca un proveedor dispuesto a servirte troncos del tamaño adecuado, ya que suelen vender también para otros sistemas de calefacción y no es lo mismo alimentar una chimenea que una estufa cerrada, donde, según el tamaño, no cabrán grandes troncos.

Leña

Hay dos tipos de madera para alimentar las estufas, cada uno con sus ventajas. No hay nada mejor para conseguir un flujo de calor constante de larga duración, obtener buenas brasas y evitar daños en la estufa que quemar leños secos y duros. La madera blanda arde más rápido, lo que te puede resultar de utilidad para prender el primer fuego con facilidad.

Maderas duras

Encina: una de las más populares por su gran dureza. Proporciona un fuego de larga duración y estupendas brasas. Su grado de humedad es bastante alto, por lo que debes asegurarte de que haya pasado por el conveniente proceso de secado.

Olivo: otra buena madera que tarda menos en arder, conservando las propiedades de las maderas duras.

Fresno y haya: ambas se secan de forma excelente, son fáciles de encender y generan llamas realmente vistosas.

Roble: la madera de este árbol necesita unos dos años para estar completamente seca, pero vale la pena hacerse con ella por su larguísima duración y las excelentes brasas que genera.

Abedul: madera muy dura con un característico color blanco que prende deprisa generando un fuego muy vivo.

Otras leñas aptas por su calidad, consistencia y durabilidad durante la combustión son las de almendro, algarrobo y cerezo.

Maderas blandas

Suelen tener más resina y, por tanto, más humedad, por lo que generan más humo. El fuego que producen no es de larga duración ni proporciona buenas brasas, pero prenden con rapidez, por lo que son ideales para encender la estufa.

Las más comunes son las de pino, abeto, chopo, castaño, tilo y algunos árboles frutales, como el naranjo, entre otros.

Con esta madera suelen estar hechas las astillas disponibles en los comercios especializados para facilitar el encendido del fuego.

Limpieza y mantenimiento de las estufas de leña

La adecuada limpieza regular del hogar y los conductos es muy importante para obtener el mejor rendimiento. Disfrutarás de la visión del fuego de forma nítida y los leños se quemarán mejor, al no tener que compartir el oxígeno con una excesiva cantidad de cenizas ni ser impregnados por estas.

No minusvalores ni descuides la limpieza de tu equipo. Si lo haces, acortarás su vida útil y su eficiencia, lo que también repercutirá en tu bolsillo.

¿Cada cuánto tiempo hay que limpiar la estufa?

Como regla general, recomendamos retirar la ceniza del hogar de la estufa cada uno o dos días, dejando perfectamente limpia la rejilla inferior para posibilitar la entrada del aire. Existen aspiradoras especiales para cenizas que te facilitarán muchísimo esta tarea, pero ten la precaución de asegurarte de que están totalmente apagadas y frías.

El vaciado del cajón que recoge las cenizas es muy importante, nunca dejes que se llene hasta arriba. Puedes volcar el contenido en un cubo metálico, con lo que evitarás accidentes en caso de que hay alguna pequeña brasa aún prendida.

En realidad, la periodicidad con la que deberás limpiar tu estufa dependerá de si la usas con frecuencia o de forma esporádica, y de la cantidad de residuos que se produzcan según el tipo de leña que hayas usado. Las maderas blandas generan más cenizas que las duras.

Limpia el cristal por fuera cada día y por dentro una vez por semana o cada vez que notes que distingues el fuego con menor nitidez. Espera siempre a que esté frío. Para la parte exterior, pasar un paño seco será suficiente, no emplees jamás productos de limpieza abrasivos.

El interior del cristal se ensucia mucho más y sí vas a necesitar productos específicos que te ayuden a deshacerte del hollín y otras impurezas. Los limpiadores que contienen amoníaco funcionan realmente bien. Su poder desengrasante y desincrustante elimina todo tipo de suciedad sin apenas esfuerzo.

No deberás descuidar la limpieza del tubo de salida o evacuación de humos. Te recomendamos que la realices, como mínimo, una vez al año.

Si no quieres o no puedes buscar un profesional que se encargue de esta labor de mantenimiento, podrás limpiarlos tú combinando el trabajo mecánico con productos químicos.

Para el deshollinado químico encontrarás productos que, al quemarse dentro del hogar de la estufa, empujarán las partículas haciéndolas salir por el tubo que vas a limpiar. Esto te facilitará la eliminación de todos los restos cuando introduzcas los cepillos especiales por los conductos.

Esta limpieza profunda se suele hacer al acabar la temporada. Una vez tengas bien limpia tu estufa, tapona el conducto con una bola hecha, por ejemplo, con papeles.

En cuanto al mantenimiento de las piezas, te recomendamos que compruebes su estado una vez al año, si no has observado ninguna anomalía.

Retira el deflector y las dobles paredes (placas de combustión) para poder comprobar que su estado. Revisa la parrilla y la base e inspecciona cada elemento para asegurarte de que no presentan daños. Algunas piezas internas del hogar tienden a desgastarse con el uso y el tiempo, así que sustitúyelas si detectas señales de deterioro.

Siguiendo estas pautas, las estufas de leña, sobre todo las de hierro fundido, te durarán muchos años dándote un servicio perfecto.

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